Por qué la mente es nuestro mejor aliado y nuestro peor enemigo

Es interesante cómo funciona el cerebro humano. Todavía no sabemos exactamente cómo se generan nuestros pensamientos, ni cómo podemos conservar la memoria. Sabemos que nuestra esencia está en algo mucho más allá que nuestro cuerpo físico porque seguimos siendo nosotros, aunque perdamos alguna parte de nuestro cuerpo o quedemos completamente inmovilizados.

Pero es en el momento que dejamos de pensar cuando se nos considera que somos un vegetal, por tanto lo que nos define como individuos es la manera en que pensamos y nos expresamos. Esto queda claro cuando tratamos de cambiar nuestra forma de hablar o tratar a las personas, en ese momento todos se sorprenden y desconfían si uno es uno mismo o fue reemplazado por alguien diferente, más bueno o más malo, más agradable o más desagradable, alguien que físicamente se parece pero que no es aquella persona a la que ellos se habían habituado y tienen como amigo, familiar, conocido o pareja.

Y es por esto que ahora voy al punto del título de mi historia. Es nuestra mente la que nos ayuda a aprender, sobrevivir, entender a otros y poder comunicarnos. Desde que nacemos, nuestra habilidad cognitiva es la que nos permitirá avanzar de buena o mala manera en la vida, nos permitirá conseguir metas, lograr el éxito que deseamos, incluso nos permitirá fracasar en relaciones personales, deportes y hasta trabajo.

Estamos tan acostumbrados a que nuestra mente nos ayude a ir por el “buen camino”, que cuando ésta no desea hacerlo, ya sea porque sufrimos de ansiedad, estrés, depresión, tristeza, cansancio, pereza o simplemente porque no está inspirada (esto pasa en los casos que necesitamos la creatividad para trabajar), es cuando sentimos que nuestra mente se convierte en nuestro peor enemigo.

En este momento entramos en conflicto porque nuestra propia mente comienza a cuestionarse, a insultarse, se vuelve contra sí misma, es como cuando vemos a un perro perseguir su propia cola, no es gracioso, no es divertido, aunque a ojos de otros lo parezca, o sea completamente invisible nuestra lucha interna. Muchos aprendimos con nuestra mente que los trapos sucios se lavan en casa y que peor trapo es cuando tu mente no quiere cooperar en hacer lo que desde pequeño hacía, y que era llevarte por el buen camino.

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