Sobre los Privilegios, los Derechos y el Laicismo

A nivel de sistemas, una sociedad es un universo complejo de interacciones entre los integrantes de la sociedad, con sus alrededores y entre ellos. Pero ¿por qué interactuamos entre nuestros pares? La respuesta es sencilla, es más fácil ejercer una interdependencia consciente que lanzarse sólo por la vida para enarbolar la bandera de la independencia. Para las mentes jóvenes, tal vez el primer concepto se les antoje raro o rebuscado, muchos sabemos que es la independencia, es hacer las cosas sin que nadie nos reprima, o por lo menos así lo cree la gran mayoría de las personas, que siempre están hablando de su libertad e independencia, porque ya se “mantienen solos”, con lo que se auto inducen al error.

Las personas no podemos ser independientes en la actualidad por muchos factores, entre ellos los derivados del acuerdo social conocido como distribución territorial y leyes nacionales e internacionales, pero sobre todo porque nos costaría mucho esfuerzo dedicarnos a producir todo lo que vamos a usar o a consumir, desde nuestra ropa, refugio y alimento. Es por esto que debemos aceptar que como personas integrantes de una sociedad somos interdependientes dentro de esta, dependemos de otras personas para proveernos de productos que consumimos, ya sea para alimentarnos o para procurarnos ciertas comodidades -como la de no caminar descalzos o andar desnudos-. Una vez aclarado esto, pasemos ahora a tocar el punto que nos interesa.

Los privilegios son aquellas condiciones de ventaja que una persona posee sobre otra, por ejemplo la clase privilegiada es aquella que tiene la comodidad para acceder a los medios de producción sin el esfuerzo mayor de haberlos heredado o conseguido de una manera no tan honesta, como muchos piensan. Los derechos son acuerdos legales donde, en teoría, todas las personas deben ser tratados de una manera específica, todos por igual, sólo por la simple razón de haber nacido, pero muchas veces los privilegios se sobreponen a los derechos para que las personas sean tratadas de manera diferente ante la ley, es en este punto donde comenzamos a encontrar trabas en cuanto a la aplicación de lo que llamamos el contrato social, ya que en este acuerdo de la sociedad se estableció la igualdad ante la ley para todas las personas y el goce de los derechos para todos sin importar su condición ni género, ambas premisas en la actualidad no se cumplen y no sé cuánto tiempo pasará para que realmente se cumplan.

Continuando con la descripción de cómo se comporta nuestra sociedad, muchos de los abusos que se cometen en contra de las clases no privilegiadas, ocurren por el abuso de poder de las personas que ostentan los puestos para evitar estos mismo hechos delictivos, lo cual deja mucho que desear sobre la ética profesional de estos funcionarios. La situación es la misma si hablamos de los mecanismos de control social diseñados para evitar que las personas hagan de las malas prácticas la norma para la gestión pública. Es en este punto que nos debemos adentrar en las motivaciones que llevan a las personas a tomar decisiones en el entorno social y bien sabemos que somos aquello que en algún momento decidimos ser, producto de la formación que adquirimos en nuestra infancia, sumado con las acciones que fueron moldeando nuestro carácter a lo largo del desarrollo juvenil de nuestra vida.

Resumiendo, somos un cúmulo de aprendizajes, traumas y prejuicios que día a día acumulamos, a lo largo de toda nuestra vida.

Pero ¿Qué prejuicios podemos tener y cómo estos prejuicios pueden llegar a afectar a otra persona? Un prejuicio -más allá si es bueno o malo-, es tener una idea preconcebida sin ningún otro sustento más que el de la formación. Es a través de los prejuicios que se establecen conductas como el machismo, el sexismo, el racismo, la homofobia entre otras corrientes del pensamiento humano. Entonces, hagamos el ejercicio de imaginarnos ¿cómo llevaría una persona misógina el juicio contra una mujer, si fuese la primera encargada de enjuiciar a la segunda? ¿Qué tanta igualdad podría recibir una persona de ascendencia africana frente a otra de ascendencia aria, por parte de una persona racista que se encargará de atender a ambas personas en algún momento dado? Todo esto dependerá de los valores éticos a nivel personal de ambas personas, de poder controlar sus prejuicios ante las situaciones mencionadas, pero la historia nos enseña que ninguna de las personas víctimas de un prejuicio tendrán un trato igualitario y digno por parte de las personas prejuiciosas que ostenten alguna figura de poder.

Una de las cosas que deberían garantizar los estados es que la gente encargada de atender al público en general no use sus prejuicios para atacar a las personas hacia las cuales van dirigidas las creencias preestablecidas de los prejuiciosos, cosa que no siempre pasa, porque nos encontramos policías supremacistas blancos, agrediendo -desde su figura de poder- a personas negras; o gente rica tratando despectivamente a gente pobre por el simple hecho de que los segundos no tienen el estatus social de los primeros, lo cual crea desigualdades dentro de la sociedad, convirtiendo el pacto social en una farsa hipócrita que lo único que pretende es mantener controlados a las personas oprimidas, para que las personas opresoras puedan seguir disfrutando de los privilegios que les confiere la opresión.

Es acá en donde los estados a lo largo del tiempo (en mayor o menor forma) se han declarado Laicos, para separar las religiones de la gestión gubernamental, pero que tan cierto es aquello que existen los estados completamente Laicos, en muchos países se habla de la libertad de culto, pero no evalúan el comportamiento cuando algún creyente se acoge a este precepto para tratar de oprimir, denigrar o segregar a una persona que -según las creencias religiosas del creyente-, está última persona incurre en algún pecado, ya sea por sus inclinaciones sexuales, identidad de género, color de piel o simplemente por el hecho de no profesar la misma religión que el creyente en cuestión. Cómo un creyente va a legislar correctamente ante la sociedad los derechos como por ejemplo al aborto o al matrimonio con personas de un mismo sexo, si ante pone sus creencias por sobre el derecho de otras personas de pensar o sentir diferente a lo que dicta la religión de este creyente.

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