La crisis de los Cuarenta

Hace ya casi media década que arribe a los cuarenta, en mis círculos sociales se maneja la teoría (acuñada no sé por quién) que los cuarentones, son los nuevos veinteañeros, quizás es sólo una estrategia publicitaria o con el notorio incremento de las expectativas de vida en la humanidad, tal vez si nos estamos manteniendo físicamente actos para que la adultez temprana, sea un ciclo que la actualidad dure un poco más de tres décadas.

Pero la realidad de ya no morir antes de los Cuarenta años de edad, presenta nuevos desafíos, sobre todo en la era actual donde las maneras de engranar que tenemos en las sociedades hacen que las posibilidades de esparcimiento, unidas con las capacidades financieras y el hecho que no todas las personas de nuestra generación estemos felizmente casados, ni con hijes, se nos hayan multiplicado exponencialmente, sobre todo cuando por una que otra circunstancia, nuestra vida de entrelaza con personas que comienzan a transitar la adultez o hasta adolescentes de sus últimas etapas.

Muchas veces nos acusan de estar atravesando por una crisis de identidad, de querer revivir viejas glorias del pasado o hasta de buscar quemar etapas que deberíamos haber cumplido en nuestra adolescencia o temprana adultez. Debo reconocer que nunca tuve una novia en mi adolescencia, de hecho me inicié algo tarde en mi vida sexual, ya que fue casi al finalizar mis veintitrés años que comencé con la misma, antes no era que no me interesaba, sino que tenía más problemas de los que abordar de los que mi mente quería procesar, como para preocuparme de otras actividades, las cuales en teoría sabía que me podrían traer más complicaciones de las que deseaba tener en aquel entonces.

Y cuando hablo de problemas no me refiero a ser acusado de narcotraficante ni de lavado de dólares, mucho menos estar en la lista negra del departamento de estado de los United States, nada que ver. Mi vida siempre fue relativamente simple, estudiar, comer, descansar, hacer deporte y trabajar para ayudar a la economía familiar, así siempre fue, desde que era muy joven, inclusive desde antes de mi adolescencia. A parte, nací y crecí en lo que para muchos es una familia disfuncional, donde la violencia intrafamiliar era el pan nuestro de cada día.

Pero las oportunidades que hoy en día tenemos las personas de mi edad, que no transitamos por la vida marital ni paternal, al momento de contar con tiempo libre, cierta estabilidad financiera y una gran capacidad de independencia emocional y familiar, nos hace percibir las relaciones sociales desde otro punto de vista, muchas veces nos encontramos en una posición mucho más relajada y cómoda a la hora de entablar una relación con personas mucho más jóvenes, que anhelan a sus escasas casi dos décadas de vida, la comodidad y el confort que podemos compartir con nuestros más de ocho lustros luchando por acceder a una estabilidad financiera.

He conocido jóvenes que empujados por los dramas cinematográficos de ficción (los cuales están de moda), buscan comprarse un automóvil, cuando ni siquiera tienen un trabajo estable, una fortuna heredada o simplemente un propósito claro de uso para dicho medio de transporte, más allá del simple uso para desplazarse a cualquier sitio y disfrutar de la vida. Estas personas inexpertas en la realidad de la vida, no entienden que un vehículo es una inversión que exige mantenimiento constante, por lo cual la persona que adquiera uno, debe tener ingresos necesarios y suficientes, no sólo para mantener esta herramienta, sino para mantenerse a sí mismo.

A lo largo de mi corta o mediana vida, he visto cómo algunas personas -incluyendo menores de edad-, han caído en delitos menores y mayores, endeudándose o gastándose todos los ahorros con tal de tener un medio de transporte automotor privado de uso personal, para luego lamentarse por la adquisición, ya que no están dispuestos a pagar por las consecuencias de dicha decisión. 

A mi parecer estos jóvenes, no tenían en cuenta las conveniencias del guión, que muchas películas pueden ofrecer. Como buen cinéfilo, muchas veces busco saber todo de alguna serie de televisión o película, con lo cual me he enterado de lo que la magia del cine oculta muchas veces y es que muchas veces necesitan más de un carro del mismo modelo, para filmar una simple escena de 30 segundos, porque en la misma filmación cada vehículo queda completamente inoperativo o inclusive completamente destrozado. Pero de eso hablaremos en otra oportunidad, ¡una vez más gracias por leerme un saludo y que estéis bien!

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