¿Quién nos protege de lo novedoso?

¿Qué es el Instinto de Supervivencia?

La comunidad científica ha catalogado los instintos de supervivencia como comportamientos heredados. Son pautas innatas y fijas que han sido transmitidas genéticamente y son bastantes características de cada especie animal. Estos varían poco de un individuo a otro de una misma especie y su objetivo es favorecer que individuo sobreviva así como su especie.

Es decir, en nuestro cerebro -primitivo- hay un conjunto de instrucciones que nos dicen cuándo tener miedo, cuándo correr o cuándo quedarnos paralizados a la espera de entender mejor una situación que desconocemos.

Muchas veces hemos escuchado la historia del ancestro que sobrevivió huyendo de un arbusto que se mecía, en lugar de otro miembro de la especie que se acercó y era un depredador que lo estaba acechando.

Esos instintos no nos están ayudando mucho en la actualidad, ya que nuestros miedos iniciales los hemos estado resolviendo a medida que desarrollamos nuevas tecnologías para defendernos y procurarnos una vida mucho más cómoda de la que tenían nuestros antepasados.

Además no estamos preparados para nuevos depredadores, que van surgiendo con estas nuevas tecnologías, pero entonces ¿Cómo aprendemos a defendernos?

¿Cómo transmitimos las experiencias?

Existen tres formas de transmitir el conocimiento, la primera ya lo hablamos en la sección anterior -la transmisión genética-, la segunda es por conocimiento propio aunque esta es una manera bastante traumática ya que aprende en el acto y, dependiendo de sus habilidades para lidiar con las novedades, puede resultar lesionado, herido, amputado o hasta perder la vida, lo cual no le servirá la experiencia futura de ser el caso.

La tercera es menos traumática y se refiere a transmitir la experiencia ajena, a través, de la educación. Así es como hemos ido evolucionando y aprendiendo de los miembros mayores cuáles bayas comer, qué animales cazar y cómo hacerlo, para tratar de perder la menor cantidad de miembros de una tribu. Con el paso de los siglos, hemos mejorado esa manera de transmitir el conocimiento hasta crear escuelas y universidades para formar a nuestras generaciones de relevo y así garantizar la supervivencia de nuestra especie.

La familia, la escuela y el Estado

En la era moderna las personas recibimos la educación de parte de tres instituciones principalmente, la inicial de parte de nuestra familia, la académica de parte del colegio (incluida la educación universitaria) y el estado que se encargará de mantenernos seguros -en teoría- diciéndonos cuáles son nuestro límites legales.

En nuestra educación inicial, por lo general nos enseñan a protegernos de las cosas básicas que nos podrían hacer daño, comida, bebida, cosas afiladas, cosas calientes, la electricidad, productos químicos, caídas, etc. Yo, en lo personal, creo que aún faltaría en esta educación enseñar a protegerse de depredadores sexuales, manipuladores y gente tóxica.

En el colegio amplían los conocimientos para protegernos de vehículos de combustión interna, aprender a obedecer las leyes, obedecer las normas y los procedimientos, pero al igual que en el párrafo anterior, adolecemos de formación para defenderse de depredadores sexuales, manipuladores, gente tóxica, policías corruptos, políticos corruptos y criminales de cuello blanco.

Ya hemos hablado del papel de la familia y el colegio, ahora nos toca referirnos al Estado, aunque para éste la formación no es su fuerte, ya que aplican la represión como medio de control — y la prisión como método de reinserción social -, ambos métodos están demostrados que no ayudan mucho con el problema. El Estado basa sus políticas en hacer cumplir las leyes, pero como toda institución formativa adolesce alguna política que defienda a los ciudadanos de miembros corruptos de su propia institución y criminales asociados a estos miembros, como muchos que tratan de encubrir los crímenes que cometen contra las personas y la comunidades.

Las leyes y su velocidad de adaptación

Muchas veces los políticos, los policías, los militares y todo el sistema judicial argumentan que las leyes muchas veces tardan en adaptarse a las nuevas tendencias, para así proteger al ciudadano común de los posibles crímenes que se puedan estar cometiendo contra una persona o un colectivo.

“Nada se parece tanto a la injusticia como la justicia tardía”

-Séneca, Filósofo latino (2 AC-65) Justicia-

El profesor de Criminología en la UEM (Universidad Europea de Madrid), Jorge Ramiro, ha asegurado que, en materia de legislación, “La ley siempre llegará anticuada a los delitos relacionados con las nuevas tecnologías” porque “el ciberdelito se traduce en asuntos cotidianos que cambian constantemente y son mutantes”, por lo que “aunque no queramos, siempre correrán e irán más rápido que en lo que se pueda debatir y aprobar una Ley”.

Como muy bien lo explicaba el profesor Jorge, para que una ley pueda entrar en vigor, tiene que ser sometida a todo un proceso burocrático que empieza en el momento que se detecta algún hecho que no está regulado por la legislación existente, por ejemplo, el derecho de los habitantes de una región, o país a poder obligar a las compañías tecnológicas a responder por sus actos ante las instancias judiciales locales, para luego crear un proyecto de ley, debatirlo, conseguir el consenso necesario para aprobar dicha ley, para luego promulgarla, proceso que se llevará bastante tiempo.

Nuevas Tecnologías, Nuevos Crímenes

David Vilares fue alumno y ahora investigador de la UDC (La Universidad de La Coruña), él comentaba lo siguiente en una nota periodística: “La tecnología está para ayudar a las personas, aunque luego se pueda retorcer usándola con un mal propósito. Ahí entra en juego la regulación. Muchas veces la tecnología avanza muy rápido y las leyes van muy lentas. Lo ideal sería que fueran los dos a la par.”

Pero, ¿por qué no van a la par? Básicamente, no lo hacen porque los estados de por sí, no llevan su función legislativa al día, muchas veces lo hacen con décadas de retraso y a eso se suma el hecho de que muchas de estas industrias que se benefician de los vacíos legales; adicionalmente, cuentan con grupos de lobistas que apoyan a ciertos políticos y movimientos para retrasar, o votar en contra de todas las iniciativas que busquen regular las nuevas tecnologías, como su uso en las diferentes sociedades actuales.

En conclusión, creo que somos nosotros mismos los encargados de defendernos de lo novedoso, tratando de entenderlo de una manera rápida sufriendo el menor impacto posible, alertando a nuestras generaciones de relevo e instando a nuestros legisladores a crear leyes que nos protejan de estas novedades. Ahora, ¿Cómo lo haremos? Eso lo dejaremos para otra ocasión. ¡Gracias por leerme y que estéis bien!

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